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miércoles, 7 de diciembre de 2011

Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático del año 2011 Semana 5 de Diciembre

Lectura de la Biblia: Isaías 1 a 5
Núm. 1: Isaías 3:16–4:6
Núm. 2: ¿Por qué debemos conservar nuestro sentido de urgencia?
Núm. 3: ¿Quedará alguien con vida en la Tierra después del fin del presente sistema mundial? (rs pág. 426 párrs. 2-5)

(Isaías 1:1-5:30)
1 La visión de Isaías el hijo de Amoz que él contempló concerniente a Judá y Jerusalén en los días de Uzías, Jotán, Acaz [y] Ezequías, reyes de Judá: 2 Oigan, oh cielos, y presta oído, oh tierra, porque Jehová mismo ha hablado: “Hijos he criado y educado, pero ellos mismos se han sublevado contra mí. 3 Un toro conoce bien a su comprador, y el asno el pesebre de su dueño; Israel mismo no ha conocido, mi propio pueblo no se ha portado con entendimiento”. 4 ¡Ay de la nación pecadora, el pueblo cargado de error, descendencia malhechora, hijos ruinosos! Han dejado a Jehová, han tratado con falta de respeto al Santo de Israel, se han vuelto hacia atrás. 5 ¿En qué otra parte se los golpeará aún más, puesto que añaden más sublevación? Toda la cabeza está en condición enferma, y todo el corazón está endeble. 6 Desde la planta del pie hasta la cabeza misma no hay en él lugar sano. Heridas y magulladuras y contusiones frescas... no han sido exprimidas ni vendadas, ni ha habido ablandamiento con aceite. 7 La tierra de ustedes es una desolación, sus ciudades están quemadas con fuego; su suelo... directamente enfrente de ustedes, extraños se lo están comiendo, y la desolación es como un derribo por extraños. 8 Y la hija de Sión ha quedado como una cabaña en una viña, como choza de vigilancia en un campo de pepinos, como una ciudad bloqueada. 9 A menos que Jehová de los ejércitos mismo hubiera dejado que nos quedaran solo unos cuantos sobrevivientes, habríamos llegado a ser justamente como Sodoma, nos habríamos parecido a Gomorra misma. 10 Oigan la palabra de Jehová, dictadores de Sodoma. Presten oído a la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. 11 “¿De qué provecho me es la multitud de sus sacrificios? —dice Jehová—. Suficiente he tenido ya de holocaustos de carneros y de la grasa de animales bien alimentados; y en la sangre de toros jóvenes y corderos y machos cabríos no me he deleitado. 12 Cuando ustedes siguen entrando para ver mi rostro, ¿quién es el que ha requerido esto de la mano de ustedes, para hollar mis patios? 13 Cesen de traer más ofrendas de grano que nada valen. El incienso... me es algo detestable. Luna nueva y sábado, el convocar una convocación... no puedo soportar el [uso de] poder mágico junto con la asamblea solemne. 14 Sus lunas nuevas y sus períodos de fiesta mi alma ha odiado. Para mí han llegado a ser una carga; me he cansado de llevar[los]. 15 Y cuando ustedes extienden las palmas de las manos, escondo de ustedes los ojos. Aunque hagan muchas oraciones, no escucho; sus mismas manos se han llenado de derramamiento de sangre. 16 Lávense; límpiense; quiten la maldad de sus tratos de enfrente de mis ojos; cesen de hacer lo malo. 17 Aprendan a hacer lo bueno; busquen la justicia; corrijan al opresor; dicten fallo para el huérfano de padre; defiendan la causa de la viuda.” 18 “Vengan, pues, y enderecemos los asuntos  entre  nosotros  —dice  Jehová—. Aunque los pecados de ustedes resulten ser como escarlata, se les hará blancos justamente como la nieve; aunque sean rojos como tela de carmesí, llegarán a ser aun como la lana. 19 Si ustedes muestran buena disposición y de veras escuchan, comerán lo bueno de la tierra. 20 Pero si rehúsan y realmente son rebeldes, por una espada serán comidos; porque la mismísima boca de Jehová [lo] ha hablado.” 21 ¡Oh, cómo ha llegado a ser una prostituta la población fiel! Llena estaba de derecho; la justicia misma se alojaba en ella; pero ahora, asesinos. 22 Tu plata misma ha llegado a ser escoria espumajosa. Tu cerveza de trigo está diluida con agua. 23 Tus príncipes son tercos y socios de ladrones. Cada uno de ellos es amador de un soborno y corredor tras regalos. No dictan fallo para el huérfano de padre; y ni siquiera consigue entrada a ellos la causa judicial de la viuda. 24 Por lo tanto, la expresión del Señor [verdadero], Jehová de los ejércitos, el Poderoso de Israel, es: “¡Ajá! Me desembarazaré de mis adversarios, y ciertamente me vengaré de mis enemigos. 25 Y de veras volveré mi mano sobre ti, y eliminaré por fundición tu escoria espumajosa como con lejía, y ciertamente quitaré todos tus desperdicios. 26 Y ciertamente traeré de vuelta otra vez jueces para ti como al principio, y consejeros para ti como al comienzo. Después de esto se te llamará Ciudad de Justicia, Población Fiel. 27 Con equidad Sión misma será redimida, y los de ella que vuelven, con justicia. 28 Y el ruidoso estrellarse de los sublevadores y el de los pecadores será al mismo tiempo, y los que dejan a Jehová se desharán. 29 Porque ellos se avergonzarán de los poderosos árboles que ustedes desearon, y ustedes quedarán corridos a causa de los jardines que han escogido. 30 Porque llegarán a ser como un árbol grande cuyo follaje se marchita, y como un jardín que no tiene agua. 31 Y el hombre vigoroso ciertamente llegará a ser estopa, y el producto de su actividad una chispa; y ambos ciertamente se harán llamas al mismo tiempo, sin que haya quien extinga”.




Isaias 2



2  La cosa que Isaías el hijo de Amoz contempló en visión acerca de Judá y Jerusalén: 2 Y en la parte final de los días tiene que suceder [que] la montaña de la casa de Jehová llegará a estar firmemente establecida por encima de la cumbre de las montañas, y ciertamente será alzada por encima de las colinas; y a ella tendrán que afluir todas las naciones. 3 Y muchos pueblos ciertamente irán y dirán: “Vengan, y subamos a la montaña de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y él nos instruirá acerca de sus caminos, y ciertamente andaremos en sus sendas”. Porque de Sión saldrá ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 4 Y él ciertamente dictará el fallo entre las naciones y enderezará los asuntos respecto a muchos pueblos. Y tendrán que batir sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra. 5 Oh hombres de la casa de Jacob, vengan y andemos a la luz de Jehová. 6 Porque tú has desamparado a tu pueblo, la casa de Jacob. Porque han quedado llenos de lo que proviene de Oriente, y son practicantes de magia como los filisteos, y abundan con hijos de extranjeros. 7 Y su país está lleno de plata y de oro, y no hay límite para sus tesoros. Y su país está lleno de caballos, y no hay límite para sus carros. 8 Y su país está lleno de dioses que nada valen. Ante la obra de las manos de uno se inclinan, ante lo que han hecho los dedos de uno. 9 Y el hombre terrestre se inclina, y el hombre queda rebajado, y no te es posible perdonarlos. 10 Entra en la roca y escóndete en el polvo a causa de lo pavoroso de Jehová, y ante su espléndida superioridad. 11 Los ojos altivos del hombre terrestre tienen que ser rebajados, y la altanería de los hombres tiene que inclinarse; y solo Jehová tiene que ser puesto en alto en aquel día. 12 Porque es el día que pertenece a Jehová de los ejércitos. Viene sobre todo el que a sí mismo se ensalza y es altanero, y sobre todo el que está elevado o bajo; 13 y sobre todos los cedros del Líbano que están encumbrados y elevados, y sobre todos los árboles macizos de Basán; 14 y sobre todas las montañas encumbradas y sobre todas las colinas que están elevadas; 15 y sobre toda torre alta y sobre todo muro fortificado; 16 y sobre todas las naves de Tarsis y sobre todos los barcos deseables. 17 Y la altivez del hombre terrestre tiene que inclinarse, y la altanería de los hombres tiene que ser rebajada; y solo Jehová tiene que ser puesto en alto en aquel día. 18 Y los mismísimos dioses que nada valen pasarán por completo. 19 Y la gente entrará en las cuevas de las rocas y en los agujeros del polvo, a causa de lo pavoroso de Jehová y ante su espléndida superioridad, cuando él se levante para que la tierra sufra sobresaltos. 20 En aquel día el hombre terrestre arrojará a las musarañas y a los murciélagos sus dioses de plata inútiles y sus dioses de oro que nada valen, que le habían hecho para que se inclinara ante ellos, 21 a fin de entrar en los agujeros de las rocas y en las hendiduras de los peñascos, a causa de lo pavoroso de Jehová y ante su espléndida superioridad, cuando él se levante para que la tierra sufra sobresaltos. 22 Por el propio bien de ustedes, manténganse a distancia del hombre terrestre, cuyo aliento está en sus narices, pues ¿sobre qué base ha de ser tomado en cuenta él mismo? 


Isaias 3



3  Porque, ¡miren!, el Señor [verdadero], Jehová de los ejércitos, quita de Jerusalén y de Judá apoyo y sostén, todo el apoyo de pan y todo el apoyo de agua, 2 hombre poderoso y guerrero, juez y profeta, y practicante de adivinación y hombre de edad madura, 3 jefe de cincuenta y hombre altamente respetado y consejero y perito en artes mágicas, y el encantador diestro. 4 Y ciertamente haré de muchachos sus príncipes, y simple poder arbitrario gobernará sobre ellos. 5 Y la gente realmente se tiranizará uno a otro, aun cada cual a su semejante. Se precipitarán, el muchacho contra el viejo, y el estimado en poco contra el que ha de recibir honra. 6 Porque cada uno echará mano a su hermano en la casa de su padre [y dirá]: “Tienes un manto. Debes llegar a ser dictador para nosotros, y esta masa derribada debe estar bajo tu mano”. 7 Él levantará [la voz] en aquel día, y dirá: “No llegaré a ser uno que vende heridas; y en mi casa no hay ni pan ni manto. Ustedes no deben ponerme como dictador sobre el pueblo”. 8 Pues Jerusalén ha tropezado, y Judá mismo ha caído, porque su lengua y sus tratos están contra Jehová, puesto que se portan rebeldemente a los ojos de su gloria. 9 La mismísima expresión de sus rostros realmente testifica contra ellos, y de su pecado semejante al de Sodoma de veras informan. No [lo] han escondido. ¡Ay de su alma! Porque se han repartido calamidad a sí mismos. 10 Digan que le [irá] bien al justo, pues ellos comerán el mismísimo fruto de sus tratos. 11 ¡Ay del inicuo!... Calamidad; ¡pues el tratamiento [que] con sus propias manos [dispensó] le será dispensado a él! 12 En cuanto a mi pueblo, los que le asignan sus tareas están tratándolo severamente, y simples mujeres realmente gobiernan sobre él. Oh pueblo mío, los que te van guiando [te] están haciendo andar errante, y han confundido el camino de tus sendas. 13 Jehová se aposta para contender y se pone de pie para pronunciar sentencia a los pueblos. 14 Jehová mismo entrará en juicio con los de edad madura de su pueblo y con sus príncipes. “Y ustedes mismos han quemado por completo la viña. Lo que fue tomado por robo de los afligidos está en las casas de ustedes. 15 ¿Qué quieren decir con esto de aplastar a mi pueblo, y moler los rostros mismos de los afligidos?”, es la expresión del Señor Soberano, Jehová de los ejércitos. 16 Y Jehová dice: “Por la razón de que las hijas de Sión se han hecho altivas y andan con la garganta estirada y dando miradas provocativas con los ojos, van andando con pasos menudos y ágiles, y con los pies hacen un sonido de retintín, 17 Jehová también realmente hará costrosa la coronilla de la cabeza de las hijas de Sión, y Jehová mismo les dejará descubierta la mismísima frente. 18 En aquel día Jehová quitará la hermosura de las ajorcas y las cintas para la cabeza y los adornos de forma de luna, 19 los pendientes y los brazaletes y los velos, 20 las prendas de adorno para la cabeza y las cadenillas de los pasos y las fajas para los pechos y las ‘casas del alma’ y las conchas zumbadoras ornamentales, 21 los anillos para los dedos y los anillos para la nariz, 22 los vestidos de ceremonia y las sobretúnicas y las capas y las bolsas, 23 y los espejos de mano y las prendas de vestir interiores y los turbantes y los velos grandes. 24 ”Y tiene que suceder que en vez de aceite balsámico llegará a haber meramente un olor mohoso; y en vez de un cinto, una soga; y en vez de un arreglo artístico del cabello, calvicie; y en vez de una prenda de vestir lujosa, un ceñirse de saco; una marca con hierro candente en vez de belleza. 25 A espada caerán tus propios hombres, y por guerra tu poderío. 26 Y las entradas de ella tendrán que estar de duelo y expresar tristeza, y ella ciertamente quedará sin ocupante. Se sentará en la mismísima tierra”.


Isaias 4 



4  Y siete mujeres realmente se agarrarán de un solo hombre en aquel día, y dirán: “Comeremos nuestro propio pan y nos vestiremos de nuestras propias mantas; solo que se nos llame por tu nombre para quitar nuestro oprobio”. 2 En aquel día lo que Jehová haga brotar llegará a ser para decoración y para gloria, y el fruto de la tierra será algo de lo cual tener orgullo, y algo hermoso para los de Israel que hayan escapado. 3 Y tiene que suceder que de los restantes en Sión y de los que queden en Jerusalén se dirá que son santos a él, todos los que estén inscritos para vida en Jerusalén. 4 Cuando Jehová haya lavado de las hijas de Sión el excremento, y enjuague de Jerusalén aun el derramamiento de sangre de en medio de ella por el espíritu de juicio y por el espíritu de quemazón, 5 Jehová también ciertamente creará sobre todo lugar establecido del monte Sión y sobre su lugar de convocación una nube de día y un humo, y el resplandor de un fuego llameante de noche; porque sobre toda la gloria habrá abrigo. 6 Y llegará a haber una cabaña para sombra, de día, contra el calor seco, y para refugio y para escondite contra la tempestad de lluvia y contra la precipitación. 


Isaias 5



5  Déjeseme cantarle a mi amado, por favor, una canción de mi amado acerca de su viña. Había una viña que mi amado llegó a tener en una ladera fértil. 2 Y procedió a cavarla y a limpiarla de piedras y a plantarla de una vid roja selecta, y a edificar una torre en medio de ella. Y también hubo un lagar que él labró en ella. Y siguió esperando que produjera uvas, pero gradualmente produjo uvas silvestres. 3 “Y ahora, oh habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, sírvanse juzgar entre mí y mi viña. 4 ¿Qué hay que hacerle todavía a mi viña que yo no haya hecho ya en ella? ¿Por qué esperé yo que produjera uvas, pero gradualmente produjo uvas silvestres? 5 Y ahora, por favor, permítaseme darles a conocer lo que voy a hacerle a mi viña: Habrá una remoción de su seto, y tiene que ser destinada para quemazón. Tiene que haber un derribo de su muro de piedra, y tiene que ser destinada para lugar de holladura. 6 Y yo la pondré como cosa destruida. No será podada, ni será azadonada. Y tendrán que subir en ella la zarza y malas hierbas; y a las nubes impondré mandato de no hacer que se precipite lluvia sobre ella. 7 Porque la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son la plantación con la cual él estaba encariñado. Y siguió esperando juicio, pero, ¡miren!, quebrantamiento de ley; justicia, pero, ¡miren!, alarido.” 8 ¡Ay de los que juntan casa a casa, [y] de los que anexan campo a campo hasta que no hay más lugar y a ustedes se les ha hecho morar solos en medio del país! 9 En mis oídos Jehová de los ejércitos [ha jurado que] muchas casas, aunque grandes y buenas, llegarán a ser un verdadero objeto de pasmo, sin habitante alguno. 10 Pues hasta diez yugadas de viña producirán solo una medida de bato, y hasta una medida de homer de semilla producirá solo una medida de efá. 11 ¡Ay de los que se levantan muy de mañana para buscar solo licor embriagante, que se quedan hasta tarde en la oscuridad nocturna, de modo que el vino mismo los inflama! 12 Y tiene que resultar que haya arpa e instrumento de cuerdas, pandereta y flauta, y vino en sus banquetes; pero la actividad de Jehová no miran, y la obra de sus manos no han visto. 13 Por lo tanto, mi pueblo tendrá que irse al destierro por falta de conocimiento; y su gloria será hombres muertos de hambre, y su muchedumbre estará abrasada de sed. 14 Por lo tanto, el Seol ha hecho espaciosa su alma y ha abierto ancha su boca, más allá del límite; y lo que en ella es espléndido, también su muchedumbre y su alboroto y el alborozado, ciertamente bajarán a él. 15 Y el hombre terrestre se inclinará, y el hombre quedará rebajado, y hasta los ojos de los elevados serán rebajados. 16 Y Jehová de los ejércitos llegará a ser alto mediante el juicio, y el Dios [verdadero], el Santo, ciertamente se santificará mediante la justicia. 17 Y los corderos realmente pacerán como en su pasto; y residentes forasteros se comerán los lugares desolados de los animales bien alimentados. 18 ¡Ay de los que tiran hacia sí el error con sogas de falsedad, y el pecado como con cuerdas de carreta; 19 de los que están diciendo: “¡Apresúrese la obra de él; sí, venga rápidamente, a fin de que [la] veamos; y acérquese y venga el consejo del Santo de Israel, para que [lo] conozcamos!”! 20 ¡Ay de los que dicen que lo bueno es malo y lo malo es bueno, los que ponen oscuridad por luz y luz por oscuridad, los que ponen amargo por dulce y dulce por amargo! 21 ¡Ay de los que son sabios a sus propios ojos, y discretos aun enfrente de sus propios rostros! 22 ¡Ay de los que son poderosos en beber vino, y de los hombres con energía vital para mezclar licor embriagante, 23 los que pronuncian justo al inicuo a cambio de un soborno, y que hasta la justicia del justo quitan de él! 24 Por lo tanto, tal como una lengua de fuego se come el rastrojo y la mera hierba seca se hunde en las llamas, la mismísima raíz propagante de ellos llegará a ser justamente como un olor de moho, y su flor misma subirá como polvo, porque han rechazado la ley de Jehová de los ejércitos, y han tratado con falta de respeto el dicho del Santo de Israel. 25 Por eso la cólera de Jehová se ha enardecido contra su pueblo, y él extenderá su mano contra ellos y les asestará un golpe. Y las montañas se agitarán, y los cuerpos muertos de ellos llegarán a ser como la basura en medio de las calles. En vista de todo esto, su cólera no se ha vuelto atrás, sino que su mano todavía está extendida. 26 Y ha levantado una señal enhiesta a una gran nación lejana, y le ha silbado en la extremidad de la tierra; y, ¡miren!, apresuradamente vendrá con celeridad. 27 No hay nadie cansado ni quien tropiece entre ellos. Nadie se adormece y nadie duerme. Y el cinto que ciñe los lomos de ellos ciertamente no se abrirá, ni se romperán en dos las correas de sus sandalias; 28 porque las flechas de ellos están afiladas, y todos sus arcos están tensados. Los mismos cascos de sus caballos tendrán que ser considerados como pedernal mismo, y sus ruedas como una tempestad de viento. 29 El rugido de ellos es como el de un león, y rugen como los leoncillos crinados. Y gruñirán, y agarrarán la presa, y [se la] llevarán con seguridad, y no habrá libertador. 30 Y gruñirán sobre ella en aquel día como con el gruñido del mar. Y uno realmente mirará con fijeza la tierra, y, ¡miren!, hay oscuridad angustiosa; y hasta la luz se ha oscurecido a causa de las gotas que caen en ella.



Núm. 1: Isaias 3:16-6
 Y Jehová dice: “Por la razón de que las hijas de Sión se han hecho altivas y andan con la garganta estirada y dando miradas provocativas con los ojos, van andando con pasos menudos y ágiles, y con los pies hacen un sonido de retintín, 17 Jehová también realmente hará costrosa la coronilla de la cabeza de las hijas de Sión, y Jehová mismo les dejará descubierta la mismísima frente. 18 En aquel día Jehová quitará la hermosura de las ajorcas y las cintas para la cabeza y los adornos de forma de luna, 19 los pendientes y los brazaletes y los velos, 20 las prendas de adorno para la cabeza y las cadenillas de los pasos y las fajas para los pechos y las ‘casas del alma’ y las conchas zumbadoras ornamentales, 21 los anillos para los dedos y los anillos para la nariz, 22 los vestidos de ceremonia y las sobretúnicas y las capas y las bolsas, 23 y los espejos de mano y las prendas de vestir interiores y los turbantes y los velos grandes. 24 ”Y tiene que suceder que en vez de aceite balsámico llegará a haber meramente un olor mohoso; y en vez de un cinto, una soga; y en vez de un arreglo artístico del cabello, calvicie; y en vez de una prenda de vestir lujosa, un ceñirse de saco; una marca con hierro candente en vez de belleza. 25 A espada caerán tus propios hombres, y por guerra tu poderío. 26 Y las entradas de ella tendrán que estar de duelo y expresar tristeza, y ella ciertamente quedará sin ocupante. Se sentará en la mismísima tierra”. 

4 Y siete mujeres realmente se agarrarán de un solo hombre en aquel día, y dirán: “Comeremos nuestro propio pan y nos vestiremos de nuestras propias mantas; solo que se nos llame por tu nombre para quitar nuestro oprobio”. 2 En aquel día lo que Jehová haga brotar llegará a ser para decoración y para gloria, y el fruto de la tierra será algo de lo cual tener orgullo, y algo hermoso para los de Israel que hayan escapado. 3 Y tiene que suceder que de los restantes en Sión y de los que queden en Jerusalén se dirá que son santos a él, todos los que estén inscritos para vida en Jerusalén. 4 Cuando Jehová haya lavado de las hijas de Sión el excremento, y enjuague de Jerusalén aun el derramamiento de sangre de en medio de ella por el espíritu de juicio y por el espíritu de quemazón, 5 Jehová también ciertamente creará sobre todo lugar establecido del monte Sión y sobre su lugar de convocación una nube de día y un humo, y el resplandor de un fuego llameante de noche; porque sobre toda la gloria habrá abrigo. 6 Y llegará a haber una cabaña para sombra, de día, contra el calor seco, y para refugio y para escondite contra la tempestad de lluvia y contra la precipitación.
 

Núm. 2: ¿Por qué debemos conservar nuestro sentido de urgencia?

Salvaguarde su sentido de urgencia

¿CUÁL es una manera de continuar sirviendo a Jehová de toda alma que sea segura y además cuente con su aprobación? Tener en lo más profundo del corazón un verdadero sentido de urgencia. Servir a Dios de toda alma quiere decir servirle con todo nuestro ser, y exige obediencia concienzuda y total a todo lo que él nos indica.

El profeta Moisés recalcó este hecho cuando mandó a la nación de Israel: “Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza vital”. (Deuteronomio 6:5.) Siglos después, Cristo Jesús repitió el mismo mandamiento: “Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente”. (Mateo 22:37.) El apóstol Pablo aludió a este requisito cuando dijo a los efesios que hicieran “de toda alma la voluntad de Dios”, así como cuando exhortó a los colosenses: “Cualquier cosa que estén haciendo, trabajen en ello de toda alma como para Jehová, y no para los hombres”. (Efesios 6:6; Colosenses 3:23.)

Sin embargo, es difícil poner el corazón y el alma en el servicio a Dios si se carece de un sentido de urgencia o si dicho sentido se está apagando o quizá se ha extinguido por completo. Hoy vivimos en un tiempo apremiante sin precedentes en la historia humana.

Períodos apremiantes específicos

Antes del cristianismo hubo diversos períodos urgentes. Los días de Noé y la época previa a la destrucción de Sodoma y Gomorra fueron tiempos de verdadera urgencia. (2 Pedro 2:5, 6; Judas 7.) Sin duda, los años que precedieron al Diluvio estuvieron llenos de actividad urgente. Aunque Noé y su familia no sabían con exactitud cuándo comenzaría el Diluvio, su “temor piadoso” evitó que postergaran las cosas. (Hebreos 11:7.)
Así mismo, antes de la destrucción de Sodoma y Gomorra, los ángeles “se pusieron a apremiar a Lot” diciéndole: “¡Escapa por tu alma!”. (Génesis 19:15, 17.) Sí, también en esa ocasión el sentido de urgencia salvó la vida a personas justas. Siglos más tarde se dio esta exhortación a los judíos cautivos en Babilonia: “Apártense, apártense, sálganse de allí, no toquen nada inmundo; sálganse de en medio de ella”. (Isaías 52:11.) En el año 537 a.E.C., unos doscientos mil exiliados obedecieron el urgente mandato profético y salieron con presteza de Babilonia.

En cada caso, los que mantuvieron viva la convicción de que sus tiempos eran apremiantes pudieron servir de
toda alma gracias al sentido de urgencia.

La urgencia en tiempos cristianos

El eco de urgencia también resuena en las páginas de las Escrituras Griegas Cristianas. “Sigan mirando”, “manténganse despiertos”, “manténganse alerta”, “demuestren estar listos”: Cristo Jesús usó estas expresiones para infundir en sus seguidores un debido sentido de urgencia. (Mateo 24:42-44; Marcos 13:32-37.) Por otra parte, sus ilustraciones de las diez vírgenes, el esclavo inicuo, los talentos y la separación de las ovejas y las cabras crean expectativa e infunden un sentido de urgencia. (Mateo 25:1, 14, 15, 32, 33.)
Jesús no solo habló de la urgencia; confirmó la veracidad de sus palabras trabajando con esa actitud. En una ocasión dijo a la muchedumbre que quiso retenerlo: “También a otras ciudades tengo que declarar las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado”. (Lucas 4:42, 43.) Además, animó a sus discípulos a rogar al amo de la mies que enviara más obreros a su siega, por cuanto “la mies es mucha, pero los obreros son pocos”. (Mateo 9:37, 38.) Un ruego de esa clase revela claramente un sentido de urgencia.

¿Era extemporáneo ese sentido de urgencia?

Alguien podría plantear la siguiente pregunta lógica: ‘¿Por qué se necesitaba un sentido de urgencia en aquel tiempo si aún faltaban siglos para que ocurriera la predicha “gran tribulación”?’. (Mateo 24:21.)
Podemos estar seguros de que no fue un ardid de Jesús para mantener a sus seguidores ocupados en la obra de predicar y enseñar. Antes bien, fueron el amor a sus discípulos y la comprensión perfecta de cómo ve Jehová los asuntos los factores que lo impulsaron a recomendar el sentido de urgencia. Sí, Cristo Jesús sabía que se necesitaba sentir urgencia para llevar a cabo la voluntad de Jehová en conformidad con su propósito. Entendía, además, que los discípulos mismos se beneficiarían espiritualmente si conservaban el sentido de urgencia hasta su regreso.

Jesucristo había dicho con claridad que se efectuaría una obra mundial de dar testimonio en un tiempo limitado. (Mateo 24:14; Marcos 13:10.) Las etapas sucesivas de esta asignación únicamente se revelarían en el transcurso de la obra. Pero para realizar cada etapa, era necesario tener un sentido de urgencia. Jesús indicó los pasos progresivos de esta asignación cuando dijo: “Serán testigos de mí tanto en Jerusalén como en toda Judea, y en Samaria, y hasta la parte más distante de la tierra”. (Hechos 1:8.) Y esa ha sido la secuencia de la obra hasta nuestros días. A lo largo de esta, los siervos de Dios se han llevado algunas sorpresas, y en ocasiones han tenido que ajustar su entendimiento de los asuntos.

El sentido de urgencia cristiano ha contribuido al cumplimiento del propósito de Jehová. Ha motivado a los discípulos de Cristo a realizar de forma progresiva su cometido en conformidad con el horario infalible de Jehová. De modo que hoy, casi dos mil años después, comprendemos con más claridad dicho horario.

La urgencia cristiana ayudó a los discípulos a dar un testimonio cabal en Jerusalén, Judea, Samaria y a los judíos dispersos antes de 36 E.C., cuando terminó el favor especial dispensado a Israel. (Daniel 9:27; Hechos 2:46, 47.) Del mismo modo, la urgencia cristiana impulsó a la congregación primitiva a dar una clara advertencia a todos los judíos de que su sistema terminaría pronto. (Lucas 19:43, 44; Colosenses 1:5, 6, 23.)

Y cuando este llegó súbitamente a su fin, en 70 E.C., la urgencia ayudó a los testigos de Cristo del siglo I a proclamar la esperanza celestial a muchas personas antes de que la apostasía extendiera su mortífero velo. (2 Tesalonicenses 2:3; 2 Timoteo 4:2.) Posteriormente, durante los siglos del Oscurantismo, los pocos cristianos semejantes a trigo mantuvieron viva la esperanza del Reino, tal como Cristo Jesús había predicho. (Mateo 13:28-30.) Finalmente, al tiempo señalado de Jehová, él levantó la vigorosa congregación moderna, motivada por Su urgente mensaje de juicio contra esta última generación. (Mateo 24:34.)

Como el Daniel de la antigüedad, los fieles Testigos modernos de Dios jamás osarían preguntarle: “¿Qué has estado haciendo?”. (Daniel 4:35.) Confían en que Jehová sabe exactamente qué se requiere para que su obra se realice cuando él lo ha determinado. Por ello, en vez de cuestionar el proceder de Jehová, se sienten dichosos de que les conceda la oportunidad de colaborar con él en estos tiempos cruciales. (1 Corintios 3:9.)

Otra razón para actuar con urgencia

Otra razón para tener un sentido de urgencia es la incapacidad de saber con exactitud el día y la hora del repentino principio de la gran tribulación. Cristo Jesús dijo tajantemente que nadie sabe el día ni la hora predeterminados del comienzo de ese suceso trascendental. (Mateo 24:36.) En otra ocasión dijo a los ansiosos apóstoles: “No les pertenece a ustedes adquirir el conocimiento de los tiempos o sazones que el Padre ha colocado en su propia jurisdicción”. (Hechos 1:7.) Sí, lo que se perfila en el futuro está claro, pero, sencillamente, no nos corresponde conocer todos los detalles.

El apóstol Pablo tenía el debido sentido de urgencia. Es probable que recordara las palabras de Jesús cuando escribió a los tesalonicenses acerca de Su presencia: “Ahora bien, en cuanto a los tiempos y a las sazones, hermanos, no tienen necesidad de que se les escriba nada”. (1 Tesalonicenses 5:1.) Escribió esta carta unos diecisiete años después que Jesús dijo: “Serán testigos de mí [...] hasta la parte más distante de la tierra”. (Hechos 1:8.) En aquel tiempo no podía escribirse nada más, porque no se había revelado nada nuevo. De todos modos, podían estar seguros de que el día de Jehová vendría sin falta, “como ladrón en la noche”, cuando los cristianos estuviesen todavía predicando con urgencia. (1 Tesalonicenses 5:2.)

No parece probable que, teniendo presentes estas palabras, los cristianos del siglo primero pensaran que el día de Jehová acontecería después de muchos siglos. Es cierto que conocían las parábolas de Jesús acerca del rey que viajó a una tierra distante y acerca del hombre que emprendió un viaje al extranjero. Sabían también que las parábolas indicaban que el rey regresaría “con el tiempo” y el hombre “después de mucho tiempo”. Pero indudablemente se preguntaban qué significaba “con el tiempo” y qué quería decir “después de mucho tiempo”. ¿Serían diez, veinte, cincuenta años, o más? (Lucas 19:12, 15; Mateo 25:14, 19.) En sus oídos seguirían resonando las palabras de Jesús: “Ustedes también, manténganse listos, porque a una hora que menos piensen viene el Hijo del hombre”. (Lucas 12:40.)

El efecto positivo del sentido de urgencia

Sí, el sentido de urgencia que Dios infundió en los cristianos del siglo primero tuvo en ellos un maravilloso efecto animador, que los mantuvo ocupados en la importantísima obra de predicar y enseñar. También nos anima a nosotros de diversas maneras. Impide que nos hagamos displicentes o “nos cansemos de hacer el bien”. (Gálatas 6:9, La Biblia de las Américas.) Nos protege de enredarnos en el mundo y en su insidioso materialismo. Nos ayuda a concentrarnos en “la vida que realmente lo es”. (1 Timoteo 6:19.) El Señor Jesús dijo que sus discípulos serían como “ovejas en medio de lobos”, y sabía que necesitaríamos mantener una actitud resuelta e inamovible para luchar contra el mundo. En efecto, el sentido de urgencia cristiano nos ha salvaguardado y protegido. (Mateo 10:16.)

En su infinita sabiduría, Jehová Dios siempre ha dado a sus siervos la información que precisan para mantener vivo el sentido de urgencia. Bondadosamente nos ha confirmado que vivimos en “los últimos días” de este corrupto sistema de cosas. (2 Timoteo 3:1.) A menudo se nos recuerda que debemos resplandecer como iluminadores hasta que se ponga fin a la generación actual en la gran tribulación, que culminará en Har–Magedón. (Filipenses 2:15; Revelación [Apocalipsis] 7:14; 16:14, 16.)

Cierto: el sentido de urgencia piadoso forma parte integral de nuestro servicio de toda alma a Jehová. Nos protege y nos ayuda a frustrar los esfuerzos del Diablo por hacer que ‘nos cansemos y desfallezcamos en nuestras almas’. (Hebreos 12:3.) La devoción piadosa de toda alma motivará a los siervos de Jehová a obedecerle por toda la eternidad; pero en nuestro tiempo, víspera del Armagedón, el sentido de urgencia profundo y sincero forma parte esencial de esa devoción de toda alma.

Que Jehová nuestro Dios nos ayude a todos a salvaguardar el sentido de urgencia mientras seguimos haciéndonos eco de las palabras del apóstol Juan: “¡Amén! Ven, Señor Jesús”. (Revelación 22:20.)


Núm. 3: ¿Quedará alguien con vida en la Tierra después del fin del presente sistema mundial? (rs pág. 426 párrs. 2-5)


**** rs pág. 426 párrs. 2-5 Últimos días ***

¿Quedará alguien con vida en la Tierra después del fin del presente sistema mundial?


Sí; definitivamente. El fin del sistema mundial actual no vendrá como resultado de una matanza indiscriminada en una guerra nuclear, sino en una gran tribulación que incluye la “guerra del gran día de Dios el Todopoderoso” (Rev. 16:14, 16). Esa guerra no destruirá la Tierra, ni causará la ruina de toda la humanidad.



Mat. 24:21, 22: “Habrá entonces grande tribulación como la cual no ha sucedido una desde el principio del mundo hasta ahora, no, ni volverá a suceder. De hecho, a menos que se acortaran aquellos días, ninguna carne se salvaría; mas por causa de los escogidos serán acortados aquellos días.” (De modo que sobrevivirá alguna “carne”, algunos de entre la humanidad.)

Pro. 2:21, 22: “Los rectos son los que residirán en la tierra, y los exentos de culpa son los que quedarán en ella. En cuanto a los inicuos, ellos serán cortados de la mismísima tierra; y en cuanto a los traicioneros, ellos serán arrancados de ella.”



Sal. 37:29, 34: “Los justos mismos poseerán la tierra, y residirán para siempre sobre ella. Espera en Jehová y guarda su camino, y él te ensalzará para tomar posesión de la tierra. Cuando los inicuos sean cortados, tú lo verás.”

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