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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Programa de la Escuela del Ministerio Teocrático del año 2011 Semana 5 de Septiembre

Lectura de la Biblia: Salmo 119
Núm. 1: Salmo 119:49-72
Núm. 2: ¿Por qué las Escrituras animan a temer a Jehová? (Deu. 5:29)
Núm. 3: El Reino de Dios resucitará a los muertos (rs pág. 305 párrs. 4-7)




(Salmo 119:1-176)



Salmos 119


Felices son los que en [su] camino están exentos de falta, los que andan en la ley de Jehová.   2 Felices son los que observan sus recordatorios; con todo el corazón siguen buscándolo.   3 Realmente no han practicado ninguna injusticia. En los caminos de él han andado.   4 Tú mismo has dado imperativamente tus órdenes para que se guarden cuidadosamente.   5 ¡Oh, que mis caminos fueran firmemente establecidos para guardar tus disposiciones reglamentarias!   6 En tal caso no quedaría avergonzado, cuando mirara a todos tus mandamientos.   7 Te elogiaré en rectitud de corazón, cuando aprenda tus decisiones judiciales justas.   8 Tus disposiciones reglamentarias continúo guardando. Oh, no me dejes enteramente.   9 ¿Cómo limpiará un joven su senda? Manteniéndose alerta conforme a tu palabra.  10 Con todo mi corazón te he buscado. No me descarríes de tus mandamientos.  11 En mi corazón he guardado cual tesoro tu dicho, a fin de no pecar contra ti.  12 Bendito eres, oh Jehová. Enséñame tus disposiciones reglamentarias.  13 Con mis labios he declarado todas las decisiones judiciales de tu boca.  14 En el camino de tus recordatorios me he alborozado, así como por toda otra cosa valiosa.  15 En tus órdenes ciertamente me interesaré intensamente, y ciertamente miraré atento a tus sendas.  16 En cuanto a tus estatutos, mostraré tenerles cariño. No olvidaré tu palabra.  17 Obra apropiadamente para con tu siervo, para que yo viva y para que guarde tu palabra.  18 Destapa mis ojos, para que mire las cosas maravillosas procedentes de tu ley.  19 Solamente soy residente forastero en la tierra. No ocultes de mí tus mandamientos.  20 Aplastada está mi alma de ansiar tus decisiones judiciales todo el tiempo.  21 Has reprendido a los malditos presuntuosos, que se descarrían de tus mandamientos.  22 Haz rodar de sobre mí el oprobio y el desprecio, porque he observado tus propios recordatorios.  23 Aun príncipes se han sentado; contra mí han hablado los unos con los otros. En cuanto a tu siervo, él se interesa intensamente en tus disposiciones reglamentarias.  24 También, tus recordatorios son aquello con lo que estoy encariñado, como hombres de mi consejo.  25 Mi alma ha estado pegada al mismísimo polvo. Consérvame vivo conforme a tu palabra.  26 He declarado mis propios caminos, para que me respondas. Enséñame tus disposiciones reglamentarias.  27 Hazme entender el camino de tus propias órdenes, para que me preocupe con tus obras maravillosas.  28 Mi alma se ha desvelado de desconsuelo. Levántame conforme a tu palabra.  29 Aparta de mí aun el camino falso, y favoréceme con tu propia ley.  30 El camino de la fidelidad he escogido. Tus decisiones judiciales he considerado apropiadas.  31 Me he apegado a tus recordatorios. Oh Jehová, no me avergüences.  32 Correré por el mismísimo camino de tus mandamientos, porque haces que mi corazón tenga el espacio.  33 Instrúyeme, oh Jehová, en el camino de tus disposiciones reglamentarias, para que lo observe hasta lo último.  34 Hazme entender, para que observe tu ley, y para que la guarde con todo el corazón.  35 Hazme pisar en el sendero de tus mandamientos, porque en él me he deleitado.  36 Inclina mi corazón a tus recordatorios, y no a las ganancias.  37 Haz que mis ojos pasen adelante para que no vean lo que es inútil; consérvame vivo en tu propio camino.  38 Realiza para con tu siervo tu dicho que [propende] al temor de ti.  39 Haz pasar mi oprobio, del cual he estado asustado, porque tus decisiones judiciales son buenas.  40 ¡Mira! He ansiado tus órdenes. En tu justicia consérvame vivo.  41 Y vengan a mí tus bondades amorosas, oh Jehová, tu salvación conforme a tu dicho,  42 para que pueda responder con una palabra al que me vitupera, porque he confiado en tu palabra.  43 Y no quites de mi boca la palabra de verdad enteramente, porque he esperado tu propia decisión judicial.  44 Y ciertamente guardaré tu ley constantemente, hasta tiempo indefinido, aun para siempre.  45 Y ciertamente andaré de acá para allá en un lugar espacioso, porque he buscado aun tus órdenes.  46 También hablaré de seguro de tus recordatorios enfrente de reyes, y no me avergonzaré.  47 Y mostraré tener cariño a tus mandamientos que he amado.  48 Y alzaré las palmas de las manos a tus mandamientos que he amado, y ciertamente me interesaré intensamente en tus disposiciones reglamentarias.  49 Acuérdate de la palabra a tu siervo, la cual me has hecho esperar.  50 Esta es mi consuelo en mi aflicción, porque tu propio dicho me ha conservado vivo.  51 Los presuntuosos mismos me han escarnecido hasta el extremo. De tu ley no me he desviado.  52 Me he acordado de tus decisiones judiciales desde tiempo indefinido, oh Jehová, y hallo consuelo para mí mismo.  53 Un calor furioso mismo se ha apoderado de mí a causa de los inicuos, que están dejando tu ley.  54 Melodías han llegado a ser para mí tus disposiciones reglamentarias en la casa de mis residencias como forastero.  55 En la noche me he acordado de tu nombre, oh Jehová, para guardar tu ley.  56 Aun esto ha llegado a ser mío, porque tus órdenes he observado.  57 Jehová es la parte que me corresponde; he prometido guardar tus palabras.  58 He ablandado tu rostro con todo [mi] corazón. Muéstrame favor conforme a tu dicho.  59 He considerado mis caminos, para volver mis pies a tus recordatorios.  60 Me apresuré, y no me dilaté en guardar tus mandamientos.  61 Las mismas sogas de los inicuos me cercaron. Tu ley no olvidé.  62 A medianoche me levanto para darte gracias por tus justas decisiones judiciales.  63 Soy socio de todos los que de veras te temen, y de los que guardan tus órdenes.  64 Tu bondad amorosa, oh Jehová, ha llenado la tierra. Enséñame tus propias disposiciones reglamentarias.   65 Realmente has tratado bien con tu siervo, oh Jehová, conforme a tu palabra.  66 Enséñame bondad, la sensatez y el conocimiento mismos, porque en tus mandamientos he ejercido fe.  67 Antes de estar bajo aflicción estuve pecando por equivocación, pero ahora he guardado tu mismísimo dicho.  68 Tú eres bueno y estás haciendo el bien. Enséñame tus disposiciones reglamentarias.  69 Los presuntuosos me han embadurnado de falsedad. En cuanto a mí, con todo [mi] corazón observaré tus órdenes.  70 El corazón de ellos se ha hecho insensible tal como grasa. Yo, por mi parte, he estado encariñado con tu propia ley.  71 Bueno es para mí el que se me haya afligido, a fin de que aprenda tus disposiciones reglamentarias.  72 La ley de tu boca es buena para mí, en mayor grado que miles de piezas de oro y plata.  73 Tus propias manos me han hecho, y procedieron a fijarme sólidamente. Hazme entender, para que aprenda tus mandamientos.  74 Los que te temen son los que me ven y se regocijan, porque he esperado tu propia palabra.  75 Bien sé, oh Jehová, que tus decisiones judiciales son justicia, y que con fidelidad me has afligido.  76 Sirva tu bondad amorosa, por favor, para consolarme, según el dicho tuyo a tu siervo.  77 Vengan a mí tus misericordias, para que siga viviendo; porque con tu ley estoy encariñado.  78 Queden avergonzados los presuntuosos, porque sin causa me han extraviado. En cuanto a mí, yo me intereso intensamente en tus órdenes.  79 Vuélvanse a mí los que te temen, los que también conocen tus recordatorios.  80 Resulte mi corazón exento de falta en tus disposiciones reglamentarias, a fin de que no quede avergonzado.  81 Se ha consumido mi alma en su vivo deseo por tu salvación; he esperado tu palabra.  82 Se han consumido mis ojos en su vivo deseo por tu dicho, mientras digo: “¿Cuándo me consolarás?”.  83 Porque me he hecho como un odre en el humo. No he olvidado tus disposiciones reglamentarias.  84 ¿Cuántos son los días de tu siervo? ¿Cuándo ejecutarás juicio contra los que me persiguen?  85 Los presuntuosos han excavado hoyos para atraparme, aquellos que no están en armonía con tu ley.  86 Todos tus mandamientos son fidelidad misma. Sin causa me han perseguido. Oh, ayúdame.  87 En poco tiempo me hubieran exterminado en la tierra; pero yo mismo no dejé tus órdenes.  88 Conforme a tu bondad amorosa consérvame vivo, para que guarde el recordatorio de tu boca.  89 Hasta tiempo indefinido, oh Jehová, tu palabra está estacionada en los cielos.  90 Tu fidelidad es para generación tras generación. Has fijado sólidamente la tierra, para que siga subsistiendo.  91 Conforme a tus decisiones judiciales han subsistido [hasta] hoy, porque todos son siervos tuyos.  92 Si tu ley no hubiera sido aquello con lo que estoy encariñado, entonces habría perecido en mi aflicción.  93 Hasta tiempo indefinido no olvidaré tus órdenes, porque por ellas me has conservado vivo.  94 Tuyo soy. Oh sálvame, porque he buscado tus propias órdenes.  95 Me han esperado los inicuos, para destruirme. Sigo mostrándome atento a tus recordatorios.  96 A toda perfección he visto fin. Tu mandamiento es muy amplio.  97 ¡Cómo amo tu ley, sí! Todo el día ella es mi interés intenso.  98 Tu mandamiento me hace más sabio que mis enemigos, porque hasta tiempo indefinido es mío.  99 He llegado a tener más perspicacia que todos mis maestros, porque tus recordatorios me son de interés intenso. 100 Me porto con más entendimiento que hombres de más edad, porque he observado tus propias órdenes. 101 De toda senda mala he restringido mis pies, con el propósito de guardar tu palabra. 102 De tus decisiones judiciales no me he desviado, porque tú mismo me has instruido. 103 ¡Cuán suaves a mi paladar han sido tus dichos, más que la miel a mi boca! 104 Debido a tus órdenes me porto con entendimiento. Por eso he odiado toda senda falsa. 105 Tu palabra es una lámpara para mi pie, y una luz para mi vereda. 106 He hecho una declaración jurada —y ciertamente la llevaré a cabo— de guardar tus justas decisiones judiciales. 107 He sido afligido en gran grado. Oh Jehová, consérvame vivo conforme a tu palabra. 108 Por favor, complácete en las ofrendas voluntarias de mi boca, oh Jehová, y enséñame tus propias decisiones judiciales. 109 Mi alma está constantemente en la palma de mi mano; pero tu ley no he olvidado. 110 Los inicuos me han tendido una trampa, pero no me he desviado de tus órdenes. 111 He tomado tus recordatorios como posesión hasta tiempo indefinido, porque son el alborozo de mi corazón. 112 He inclinado mi corazón a poner por obra tus disposiciones reglamentarias hasta tiempo indefinido, hasta lo último. 113 A los de corazón irresoluto he odiado, pero tu ley he amado. 114 Tú eres mi escondrijo y mi escudo. Tu palabra he esperado. 115 Apártense de mí, malhechores, para que yo observe los mandamientos de mi Dios. 116 Sosténme conforme a tu dicho, para que siga viviendo, y no me hagas quedar avergonzado por mi esperanza. 117 Susténtame, para que sea salvo, y fijaré la vista constantemente en tus disposiciones reglamentarias. 118 Has echado a un lado a todos los que se descarrían de tus disposiciones reglamentarias; porque su proceder mañoso es falsedad. 119 Como escoria espumajosa has hecho cesar a todos los inicuos de la tierra. Por eso he amado tus recordatorios. 120 Por el pavor de ti mi carne ha tenido sensación de hormigueo; y a causa de tus decisiones judiciales he tenido miedo. 121 He ejecutado juicio y justicia. ¡Oh, no me abandones a los que me defraudan! 122 Sirve de fianza a tu siervo para lo que es bueno. No me defrauden los presuntuosos. 123 Mis ojos mismos se han consumido del vivo deseo por tu salvación y por tu justo dicho. 124 Haz con tu siervo conforme a tu bondad amorosa, y enséñame tus propias disposiciones reglamentarias. 125 Soy tu siervo. Hazme entender, para que conozca tus recordatorios. 126 Es el tiempo para que Jehová obre. Han quebrantado tu ley. 127 Por eso he amado tus mandamientos más que el oro, aun oro refinado. 128 Por eso he considerado rectas todas las órdenes respecto de todas las cosas; toda senda falsa he odiado. 129 Tus recordatorios son maravillosos. Por eso mi alma los ha observado. 130 La manifestación misma de tus palabras da luz, y hace entender a los inexpertos. 131 Mi boca he abierto bien, para poder jadear, porque tus mandamientos he anhelado. 132 Dirígete a mí y muéstrame favor, conforme a [tu] decisión judicial para con los que aman tu nombre. 133 Fija mis propios pasos sólidamente en tu dicho, y no se enseñoree dominantemente de mí ninguna clase de cosa perjudicial. 134 Redímeme de cualquier defraudador de la humanidad, y ciertamente guardaré tus órdenes. 135 Haz brillar tu propio rostro sobre tu siervo, y enséñame tus disposiciones reglamentarias. 136 Corrientes de agua han bajado corriendo de mis ojos debido al hecho de que no se ha guardado tu ley. 137 Tú eres justo, oh Jehová, y tus decisiones judiciales son rectas. 138 Has ordenado tus recordatorios en justicia y en suma fidelidad. 139 Mi ardor me ha acabado, porque mis adversarios han olvidado tus palabras. 140 Tu dicho es muy refinado, y tu propio siervo lo ama. 141 Yo soy insignificante y despreciable. Tus órdenes no he olvidado. 142 Tu justicia es una justicia hasta tiempo indefinido, y tu ley es la verdad. 143 Angustia y dificultad mismas me hallaron. Con tus mandamientos estaba encariñado. 144 La justicia de tus recordatorios es hasta tiempo indefinido. Hazme entender, para que siga viviendo. 145 He llamado con todo [mi] corazón. Respóndeme, oh Jehová. Tus disposiciones reglamentarias ciertamente observaré. 146 Te he invocado. ¡Oh sálvame! Y ciertamente guardaré tus recordatorios. 147 Me he levantado temprano en el crepúsculo matutino, para poder clamar por ayuda. Tus palabras he esperado. 148 Mis ojos se han anticipado a las vigilias de la noche, [para que] me interese intensamente en tu dicho. 149 Oh, de veras oye mi propia voz conforme a tu bondad amorosa. Oh Jehová, conforme a tu decisión judicial consérvame vivo. 150 Los que siguen tras conducta relajada se han acercado; se han alejado mucho de tu propia ley. 151 Tú estás cerca, oh Jehová, y todos tus mandamientos son la verdad. 152 Hace mucho que he conocido algunos de tus recordatorios, porque hasta tiempo indefinido los has fundado. 153 Oh, ve mi aflicción, y líbrame; porque no he olvidado tu propia ley. 154 Oh, de veras conduce mi causa judicial y recóbrame; consérvame vivo de acuerdo con tu dicho. 155 La salvación está lejos de los inicuos, porque no han buscado tus propias disposiciones reglamentarias. 156 Muchas son tus misericordias, oh Jehová. Conforme a tus decisiones judiciales, oh consérvame vivo. 157 Mis perseguidores y mis adversarios son muchos. De tus recordatorios no me he desviado. 158 He visto a los que son traicioneros en los tratos, y de veras siento asco, porque no han guardado tu propio dicho. 159 Oh, ve que yo he amado tus propias órdenes. Oh Jehová, conforme a tu bondad amorosa consérvame vivo. 160 La sustancia de tu palabra es verdad, y toda justa decisión judicial tuya es hasta tiempo indefinido. 161 Los príncipes mismos me han perseguido sin causa alguna, pero mi corazón ha sentido pavor ante tus propias palabras. 162 Ando alborozado a causa de tu dicho, tal como uno hace al hallar mucho despojo. 163 La falsedad he odiado, y de veras sigo detestándola. Tu ley he amado. 164 Siete veces al día te he alabado a causa de tus justas decisiones judiciales. 165 Paz abundante pertenece a los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo. 166 He esperado de ti la salvación, oh Jehová, y he puesto por obra tus propios mandamientos. 167 Mi alma ha guardado tus recordatorios, y los amo en sumo grado. 168 He guardado tus órdenes y tus recordatorios, porque todos mis caminos están enfrente de ti. 169 Que mi clamor rogativo se acerque delante de ti, oh Jehová. Conforme a tu palabra, oh hazme entender. 170 Entre mi petición de favor delante de ti. Conforme a tu dicho, oh líbrame. 171 Que mis labios hagan salir burbujeando alabanza, pues tú me enseñas tus disposiciones reglamentarias. 172 Cante mi lengua tu dicho, porque todos tus mandamientos son justicia. 173 Sirva tu mano para ayudarme, porque tus órdenes he escogido. 174 He ansiado tu salvación, oh Jehová, y con tu ley estoy encariñado. 175 Siga mi alma viviendo y alabándote, y ayúdenme tus propias decisiones judiciales. 176 He andado errante como una oveja perdida. Oh busca a tu siervo, porque no he olvidado tus propios mandamientos. 


Núm. 1: Salmo 119:49-72

Acuérdate de la palabra a tu siervo, la cual me has hecho esperar.  50 Esta es mi consuelo en mi aflicción, porque tu propio dicho me ha conservado vivo.  51 Los presuntuosos mismos me han escarnecido hasta el extremo. De tu ley no me he desviado.  52 Me he acordado de tus decisiones judiciales desde tiempo indefinido, oh Jehová, y hallo consuelo para mí mismo.  53 Un calor furioso mismo se ha apoderado de mí a causa de los inicuos, que están dejando tu ley.  54 Melodías han llegado a ser para mí tus disposiciones reglamentarias en la casa de mis residencias como forastero.  55 En la noche me he acordado de tu nombre, oh Jehová, para guardar tu ley.  56 Aun esto ha llegado a ser mío, porque tus órdenes he observado.  57 Jehová es la parte que me corresponde; he prometido guardar tus palabras.  58 He ablandado tu rostro con todo [mi] corazón. Muéstrame favor conforme a tu dicho.  59 He considerado mis caminos, para volver mis pies a tus recordatorios.  60 Me apresuré, y no me dilaté en guardar tus mandamientos.  61 Las mismas sogas de los inicuos me cercaron. Tu ley no olvidé.  62 A medianoche me levanto para darte gracias por tus justas decisiones judiciales.  63 Soy socio de todos los que de veras te temen, y de los que guardan tus órdenes.  64 Tu bondad amorosa, oh Jehová, ha llenado la tierra. Enséñame tus propias disposiciones reglamentarias.   65 Realmente has tratado bien con tu siervo, oh Jehová, conforme a tu palabra.  66 Enséñame bondad, la sensatez y el conocimiento mismos, porque en tus mandamientos he ejercido fe.  67 Antes de estar bajo aflicción estuve pecando por equivocación, pero ahora he guardado tu mismísimo dicho.  68 Tú eres bueno y estás haciendo el bien. Enséñame tus disposiciones reglamentarias.  69 Los presuntuosos me han embadurnado de falsedad. En cuanto a mí, con todo [mi] corazón observaré tus órdenes.  70 El corazón de ellos se ha hecho insensible tal como grasa. Yo, por mi parte, he estado encariñado con tu propia ley.  71 Bueno es para mí el que se me haya afligido, a fin de que aprenda tus disposiciones reglamentarias.  72 La ley de tu boca es buena para mí, en mayor grado que miles de piezas de oro y plata.

Núm. 2: ¿Por qué las Escrituras animan a temer a Jehová? (Deu. 5:29)
 
 (Deuteronomio 5:29) ¡Si tan solo desarrollaran este corazón suyo para temerme y guardar todos mis mandamientos siempre, a fin de que les vaya bien a ellos y a sus hijos hasta tiempo indefinido!

  *** w01 1/12 pág. 14-18 Desarrollemos el corazón para temer a Jehová ***

Desarrollemos el corazón para temer a Jehová 

“¡Si tan solo desarrollaran este corazón suyo para temerme y guardar todos mis mandamientos siempre [...]!”
(DEUTERONOMIO 5:29.)

EL HOMBRE lleva siglos dominado por el miedo. A millones de seres les inquieta la posibilidad de caer víctimas del hambre, la enfermedad, el delito o la guerra. Por esta razón, el preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos expresa la aspiración de que todos gocemos de libertad del temor. Felizmente, Dios nos garantiza que dicho anhelo se hará realidad, aunque no gracias a las gestiones humanas. Jehová nos promete, por boca del profeta Miqueas, que en su nuevo mundo reinará la justicia y ‘nadie hará temblar a su pueblo’ (Miqueas 4:4).

2 Por otro lado, hay temores constructivos. Así, las Escrituras instan vez tras vez a los siervos de Dios a que le teman. Por ejemplo, Moisés dijo a los israelitas: “A Jehová tu Dios debes temer, y a él debes servir” (Deuteronomio 6:13). Siglos después, Salomón escribió: “Teme al Dios verdadero y guarda sus mandamientos. Porque este es todo el deber del hombre” (Eclesiastés 12:13). Y en la predicación, que supervisan los ángeles, nosotros también hacemos esta exhortación a todo el mundo: “Teman a Dios y denle gloria” (Revelación [Apocalipsis] 14:6, 7). Pero, además de temer a Jehová, los cristianos tienen que amarlo con todo su corazón (Mateo 22:37, 38). Pues bien, ¿cómo es posible tenerle cariño y temor al mismo tiempo? ¿Por qué hay que temerle si es un Dios de amor? ¿Qué beneficios obtenemos al cultivar tal actitud? Para contestar debidamente estas preguntas, hemos de comprender primero qué implica este sentimiento y cómo constituye una parte fundamental de nuestra relación con Jehová.

Admiración, reverencia y temor

3 Los cristianos deben manifestar temor de Dios, es decir, gran admiración y profunda reverencia al Creador, y sano miedo a desagradarle. Por consiguiente, esta virtud incide en dos aspectos clave de nuestra vida: la actitud ante nuestro Hacedor y la actitud ante la conducta que él odia. Es obvio que ambos factores son fundamentales y merecen un análisis detallado. Como indica el Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento exhaustivo, de Vine, este respeto reverencial constituye un “motivo controlador de la vida [del cristiano], en asuntos espirituales y morales”.

4 ¿Cómo podemos cultivar admiración y reverencia al Creador? Nos maravilla ver un hermoso paisaje, una impresionante cascada o una espectacular puesta de sol. Es un sentimiento que crece al percibir, con los ojos de la fe, que tras dichas obras se halla la mano del Todopoderoso. Además, al igual que el rey David, nos percatamos de nuestra propia insignificancia ante la imponente creación de Jehová. “Cuando veo tus cielos, las obras de tus dedos, la luna y las estrellas que tú has preparado, ¿qué es el hombre mortal para que lo tengas presente [...]?” (Salmo 8:3, 4.) La profunda admiración nos llena de reverencia, lo cual nos mueve a darle gracias y alabarlo por todo lo que hace a favor de nosotros. David también escribió: “Te elogiaré porque de manera que inspira temor estoy maravillosamente hecho. Tus obras son maravillosas, como muy bien percibe mi alma” (Salmo 139:14).

5 La admiración y reverencia generan un miedo sano y respetuoso ante el poder de Dios como Creador y su autoridad como legítimo Soberano del universo
. En una visión del apóstol Juan, “los que salen victoriosos de la bestia salvaje y de su imagen” —los seguidores ungidos de Cristo en su posición celestial— proclaman: “Grandes y maravillosas son tus obras, Jehová Dios, el Todopoderoso. Justos y verdaderos son tus caminos, Rey de la eternidad. ¿Quién no te temerá verdaderamente, Jehová, y glorificará tu nombre [...]?” (Revelación 15:2-4). El temor de Dios, que nace de una profunda reverencia ante su majestad, impulsa a quienes reinan con Cristo en el cielo a honrar a Jehová, la autoridad suprema. Cuando reflexionamos en todos sus logros y en la justicia con que él rige el universo, ¿no tenemos sobradas razones para temerle? (Salmo 2:11; Jeremías 10:7.)

6 Además de admiración y reverencia, el temor piadoso incluye un sano miedo a desagradar a Jehová o desobedecerle. ¿Por qué? Pues bien, aunque él es “tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa”, no olvidemos que “de ninguna manera dará exención de castigo (Éxodo 34:6, 7). Es amoroso y misericordioso, pero no tolera la injusticia ni el pecado intencional (Salmo 5:4, 5; Habacuc 1:13).
No dejará impunes a quienes se oponen a él y practican de forma deliberada e impenitente lo que es malo a Sus ojos. Como dijo el apóstol Pablo, “es cosa horrenda caer en las manos del Dios vivo”. En definitiva, el sano miedo a hallarnos en esta situación constituye una protección para nosotros (Hebreos 10:31).

“A él deben adherirse”

7 El temor reverencial de Dios y la clara conciencia de su imponente poder preceden a la confianza en Él. Tal como un niño se encuentra protegido cerca de su padre, nosotros nos sentimos amparados y seguros, pues nos guía la mano divina. Observemos cómo reaccionaron los israelitas cuando él los sacó de Egipto: “Israel también alcanzó a ver la gran mano que Jehová puso en acción contra los egipcios; y el pueblo empezó a temer a Jehová y a poner fe en Jehová” (Éxodo 14:31). Así mismo, la experiencia de Eliseo da fe de que “el ángel de Jehová está acampando todo en derredor de los que le temen, y los libra” (Salmo 34:7; 2 Reyes 6:15-17). La historia moderna de Su pueblo, y probablemente la nuestra propia, confirman que él ciertamente ejerce su poder a favor de quienes le sirven (2 Crónicas 16:9). De este modo constatamos que “en el temor de Jehová hay fuerte confianza” (Proverbios 14:26).

8 Este sano temor no solo genera confianza en Dios, sino que también nos impulsa a andar en sus sendas. Cuando Salomón inauguró el templo, oró a Jehová: “Que te teman [los israelitas], andando en tus caminos todos los días en que estén vivos sobre la superficie del suelo que diste a nuestros antepasados” (2 Crónicas 6:31). Años antes, Moisés les había dirigido esta exhortación: “Tras Jehová su Dios deben andar, y a él deben temer, y sus mandamientos deben guardar, y a su voz deben prestar atención, y a él deben servir, y a él deben adherirse” (Deuteronomio 13:4). Como evidencian estos versículos, de la confianza en Jehová nace el deseo de andar en sus sendas y “adherirse” a él. En efecto, el temor piadoso nos induce a obedecerle, servirle y adherirnos a él, tal como un niño se aferra literalmente a su padre, con total confianza (Salmo 63:8; Isaías 41:13).

Amar a Dios es temerle

9 Según las Escrituras, temer a Dios no excluye en absoluto amarlo. Por el contrario, a los israelitas se les pidió que ‘temieran a Jehová, para que anduviesen en todos sus caminos, y lo amasen’ (Deuteronomio 10:12). Por consiguiente, el temor piadoso y el amor de Dios son afines. El temor nos incita a andar en Sus caminos, lo que a su vez demuestra nuestro amor por él (1 Juan 5:3). Es lógico, dado que cuando queremos a alguien, nos da miedo lastimarlo. Los israelitas hirieron a Jehová al comportarse con rebeldía en el desierto. No hay duda de que nosotros no deseamos hacer nada que entristezca tanto a nuestro Padre celestial (Salmo 78:40, 41). Por otro lado, como “Jehová está complaciéndose en los que le temen”, regocijamos su corazón si somos fieles y obedientes (Salmo 147:11; Proverbios 27:11). El amor nos mueve a agradarle, y el temor nos disuade de herirlo. Son dos cualidades complementarias, que no se contradicen.

10 La vida de Cristo ejemplifica que es posible amar a Dios y temerle al mismo tiempo. El profeta Isaías escribió estas palabras tocante al Mesías: “Reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y su deleite estará en el temor de Jehová” (Isaías 11:2, 3, Reina-Valera, 1977). De acuerdo con esta predicción, el espíritu santo impulsó a Jesús a temer a su Padre celestial. Además, observamos que, en vez de ser restrictivo, dicho sentimiento era una fuente de satisfacción. El Hijo se deleitaba en hacer la voluntad de su Padre y complacerle aun en las circunstancias más difíciles. Cuando afrontaba su inminente ejecución en el madero de tormento, le dijo: “No como yo quiero, sino como tú quieres” (Mateo 26:39). En vista de su temor piadoso, Jehová escuchó con favor sus ruegos, lo fortaleció y lo rescató de la muerte (Hebreos 5:7).
Aprendemos a temer a Jehová

11 A diferencia del sobrecogimiento instintivo que nos produce el poder y majestad de la naturaleza, el temor piadoso no surge de modo automático. Por ello, el David Mayor, Jesucristo, nos hace esta invitación profética: “Vengan, hijos, escúchenme; el temor de Jehová es lo que les enseñaré” (Salmo 34:11). ¿Cómo nos ayuda él a temer al Creador?

12 Mediante Cristo llegamos a conocer la maravillosa personalidad de nuestro Padre celestial y, por tanto, a temerle (Juan 1:18). Además, como él refleja a la perfección la personalidad divina, revela con su ejemplo la manera de pensar de Jehová y su forma de tratar a las personas (Juan 14:9, 10). Lo que es más, gracias a su sacrificio podemos acceder a Dios cuando le pedimos que nos perdone los pecados. Esta magnífica expresión de la misericordia de Jehová es otra poderosa razón para temerle. Como escribió el salmista, “hay el verdadero perdón contigo, a fin de que se te tema” (Salmo 130:4).

13 El libro de Proverbios señala una serie de pasos que nos permiten cultivar el temor piadoso. “Hijo mío, si recibes mis dichos y atesoras contigo mis propios mandamientos, de modo que con tu oído prestes atención a la sabiduría, para que inclines tu corazón al discernimiento; si, además, clamas por el entendimiento mismo y das tu voz por el discernimiento mismo, [...] en tal caso entenderás el temor de Jehová, y hallarás el mismísimo conocimiento de Dios.” (Proverbios 2:1-5.) Así pues, para temer a Dios debemos estudiar su Palabra, poner todo empeño en comprender sus instrucciones y luego seguir con cuidado sus consejos.

14 Todo rey de Israel tenía la obligación de hacer una copia de la Ley y “leer en ella todos los días de su vida, a fin de que aprend[ier]a a temer a Jehová su Dios para guardar todas [sus] palabras” (Deuteronomio 17:18, 19). En nuestro caso, la lectura y el estudio de las Escrituras son igual de importantes para aprender a temerle. Al poner en práctica los principios bíblicos, vamos adquiriendo la sabiduría y el conocimiento divinos. Llegamos a ‘entender el temor de Jehová’, pues vemos los beneficios que produce en nuestra vida y valoramos mucho la relación que tenemos con Dios. Además, seamos jóvenes o ancianos, al congregarnos asiduamente con los hermanos en la fe, escuchamos lo que Jehová nos enseña, aprendemos a temerle y andamos en sus caminos (Deuteronomio 31:12).
Feliz todo el que teme a Jehová

15 Por lo que hemos visto, el temor de Dios es una virtud que debemos cultivar, pues forma parte esencial de nuestra adoración. Nos lleva a confiar plenamente en Jehová, andar en sus sendas y aferrarnos a él. Al igual que en el caso de Jesucristo, también nos impele a cumplir nuestro voto de dedicación ahora y por toda la eternidad.

16
El temor piadoso nunca es morboso ni paralizante. La Biblia nos lo garantiza: “Feliz es todo el que teme a Jehová, que anda en sus caminos” (Salmo 128:1). Él nos exhorta a cultivar esta virtud, pues sabe que nos protegerá. Observamos su amorosa preocupación en las palabras que dirigió a Moisés: “¡Si tan solo desarrollaran [los israelitas] este corazón suyo para temerme y guardar todos mis mandamientos siempre, a fin de que les vaya bien a ellos y a sus hijos hasta tiempo indefinido!” (Deuteronomio 5:29).

17 Igualmente, si nosotros desarrollamos el corazón para temer a Dios, nos irá bien. ¿En qué sentidos? Primero, tal actitud complacerá al Creador y nos acercará a él. David sabía por experiencia propia que Él “ejecutará el deseo de los que le temen, y oirá su clamor por ayuda, y los salvará” (Salmo 145:19). Segundo, nos beneficiará, pues influirá en nuestra actitud ante lo malo (Proverbios 3:7). En el siguiente artículo examinaremos cómo nos protege esta virtud de los peligros espirituales y repasaremos algunos ejemplos bíblicos de hombres que temieron a Jehová y se apartaron del mal.

Núm. 3: El Reino de Dios resucitará a los muertos (rs pág. 305 párrs. 4-7) 

 *** rs pág. 305 párrs. 4-7 Reino ***

Resucitar a los muertos

Juan 5:28, 29: “No se maravillen de esto, porque viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz [la voz de Cristo el Rey] y saldrán.”

Rev. 20:12: “Vi a los muertos, los grandes y los pequeños, de pie delante del trono, y se abrieron rollos. Pero se abrió otro rollo; es el rollo de la vida. Y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las cosas escritas en los rollos según sus hechos [los que efectuaron después de su resurrección; compárese con Romanos 6:7].”
Eliminar toda muerte que se deba a la herencia del pecado adámico

Isa. 25:8: “Se tragará a la muerte para siempre y el Señor Soberano Jehová ciertamente limpiará las lágrimas de todo rostro.”

Rev. 21:4: “Él limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado.”

 


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