lunes, 23 de enero de 2012

Texto Diario Domingo 26 de Febrero


Este hombre me es un vaso escogido para llevar mi nombre a las naciones (Hech. 9:15).
Desde el principio, Jesús supervisó personalmente la obra de predicación y enseñanza. De hecho, determinó en qué orden se difundirían las buenas nuevas por todo el mundo. Durante su ministerio, dio estas instrucciones a sus apóstoles: “Vayan continuamente a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Al ir, prediquen, diciendo: ‘El reino de los cielos se ha acercado’” (Mat. 10:5-7). Obedeciéndole fielmente, predicaron con celo entre los judíos y prosélitos, sobre todo a partir del Pentecostés del año 33 (Hech. 2:4, 5, 10, 11; 5:42; 6:7). Luego, Jesús empleó el espíritu santo para ampliar el alcance de la predicación y llegar a los samaritanos y más tarde a las demás naciones (Hech. 8:5, 6, 14-17; 10:19-22, 44, 45). A fin de favorecer la difusión de las buenas nuevas entre los no judíos, Jesús intervino directamente llamando a Saulo de Tarso a convertirse al cristianismo. “Este hombre” llegó a ser el apóstol Pablo (1 Tim. 2:7). w10 15/9 4:9, 10

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