lunes, 23 de enero de 2012

Texto Diario Viernes 27 de Enero


Los hermanos de Listra y de Iconio daban buenos informes acerca de [Timoteo] (Hech. 16:2).
Tanto la madre de Timoteo, Eunice, como su abuela, Loida, eran cristianas, pero su padre no (2 Tim. 1:5). Puede que Pablo hubiera conocido a esta familia un par de años antes, en su primera visita a la región. Pero esta vez expresó particular interés en Timoteo, quien se destacaba como un joven muy espiritual. Con la aprobación del cuerpo de ancianos local, Timoteo comenzó a acompañar al apóstol en su obra misional (Hech. 16:3). Timoteo ahora podría aprender mucho de su maduro compañero de viaje. Y ciertamente aprovechó bien la oportunidad, pues llegó el momento en que Pablo pudo enviarlo con toda confianza a visitar las congregaciones como representante suyo. Durante unos quince años trabajó codo a codo con el apóstol, lo que le permitió dejar de ser un joven inexperto —y probablemente tímido— para convertirse en un magnífico superintendente cristiano (Fili. 2:19-22; 1 Tim. 1:3). w10 15/6 2:6, 7

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